Revelación
(Rompe el espejo, tipo)
La reunión de hecho está resultando más amena e lo que imaginé. En esta ocasión todo está resultando en verdad como el nos contó... bueno, ésta es la única ocasión en que no contó nada, pero lo cierto es que sí es como siempre alardeó que serían: el salón es todo amplitud, comodidad y lujo. Incluso están sus soñados candelabros de lágrimas de cristal... ¿y él? Feliz, claro. Por vez primera la crítica es constructiva, los elogios son sinceros y casi todos desde la misma recepción hemos expuesto disculpas porque nuestros regalos no están a la altura de la ocasión; él, extraordinario anfitrión (como siempre, eso no se puede negar), desde el saludo es pura sonrisa, autohalago y cordialidad.
Abandono el pequeño lounge en el que he disfrutado de una opípara cena y en el cual acompaño mi la sobremesa con una amenísima charla. Tras un último vistazo a mi copa, me dirijo al tocador sin poder borrar la sonrisa que me tiene con los cachetes entumecidos. Saludo y saludo a más gente, me maravillo con la -al fin- majestuosa sala de fiesta.
Una sensación para en seco mi marcha, freno total. Apenas de reojo, he visto en el espejo a un hombre viejo. Me cuesta trabajo reconocerme, distinguir mi persona tras la capa de arrugas enfundadas en el costoso traje que pasa de súbito del gris al negro. Me acerco el espejo, cauto; de pronto, quisiera estar desnudo, correr entre los campos, húmedos trigales, sentir el viento por la piel, la tierra mojada en los pies... miro en derredor, me veo rodeado por figuras fútiles, actitudes fanfarronas, bienes innecesarios, frivolidad, figurillas trilladas.
La pregunta surge ávida ¿Es en serio ésta vida que me he creado la que quiero? Me asalta el hecho de que en realidad no deseo u futuro en que la falta de felicidad es llenada por fajos de billetes ¡No, no es éste MI mundo, donde la joyería es peor que la de fantasía por ser joyería de ilusión, ilusión de poder, de amistad hipócrita, pleitesía traicionera, esclavitud imperceptible ¡Quiero volver a ser pobre, donde la amistad se gana con respeto, la alegría con valor, la libertad con esfuerzo! Deseo de nuevo la sabiduría del pueblo, deshacerme de los hechos del dinero aplastante ¡vivir, no comprar la vida! Ay... la grotesca figura en el espejo se acerca a mí amenazante, con la ira de la corrupción patente, se acerca con la peste del engaño y la degeneración, o que he creado, en lo que me he consumido.
Quiero gritar, tapar los oídos, correr de nuevo al buen sendero; pero algo paraliza mis piernas, impide que escape de este monstruo en el que me he convertido. Cada vez más cerca, el reflejo alza el puño amenazando con romper el espejo desde su interior para venir por mí. Toca el cristal en repetidas ocasiones con furia y me espeta ¡Que me ves idiota!
Estuve viendo un vidrio...me equivoqué, mi vida es perfecta.

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